El Sol tiene apariencia de granos de arroz y tiene rulos, que son explosiones de hidrógeno.

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Apariencia real del Sol, la única estrella diurna.

Este trabajo fue realizado por Juan, Julia y Frida.

El Sol es una estrella diurna y una enorme esfera de gas caliente que está brillando y girando. Aparece mucho más grande y más brillante que las otras estrellas porque nosotros estamos muy cerca de él.

El Sol es el centro de nuestro sistema solar. Compuesto de aproximadamente 27% de helio y pequeñas cantidades de otros elementos; oxígeno, carbono, neón, nitrógeno, magnesio, hierro y silicio.

El Sol está hecho con los mismos materiales de que están hechos la Tierra y los demás planetas del Sistema Solar. Si aceptamos la teoría de que todo el Sistema Solar, incluido el Sol, se formó a la vez en esta zona de la Galaxia que ahora ocupamos, a partir del material que había por ahí en aquella época, llegaremos a la conclusión de que en los objetos del Sistema Solar debemos encontrar los mismos elementos químicos, es decir, la misma clase de átomos y moléculas que encontramos en la Tierra.

Si observamos atentamente imágenes del Sol parece tener “rulos”. Esos “rulos” son explosiones de hidrógeno. También vemos que su textura se parece a muchos granos de arroz, todos juntos.

Una tormenta solar es un evento en el que la actividad del Sol interfiere en el campo magnético de la Tierra. Aunque el astro está muy lejos del planeta, muchos creen que las tormentas solares no pueden causar reales daños, aunque se ha demostrado que en ocasiones sí. Las tormentas solares se producen cuando el ciclo solar alcanza su máxima actividad y justo después. Es decir, cuando la actividad magnética del Sol es más fuerte y comienza a descender. Hay un máximo solar cada 11 años. El último comenzó a finales del año 2.012 y se prolongó durante el 2.013.

La tormenta solar más fuerte registrada hasta el momento fue en 1859, y se conoce como el evento Carrington. Destrozó la red de telégrafos y produjo auroras boreales tan espectaculares que se vieron incluso en España. Hoy, aunque no sean tan fuertes, producen más daños, ya que casi toda nuestra tecnología depende de las ondas electromagnéticas. La tormenta solar con mayores pérdidas económicas fue la de 1989, que dejó sin electricidad a más de 7 millones de personas en Quebec.